jueves, 18 de abril de 2013

Encuentro con el presente: Del olvido a la experiencia


En lo que sigue, trataré de captar en breves palabras la importancia que, y así lo proponemos, es conveniente asignar al presente. Se dijo por ahí que los demás animales (no el ser humano) viviendo en su instinto solamente pueden percibir el presente, y que en consecuencia el pasado y el futuro no existen para ellos. Pareciera ser que, según lo dicho, las nociones humanas de futuro y pasado nacen en y con el lenguaje hablado.

Si tomamos un ejemplo, dícese la hormiga que recolecta comida para el invierno, entonces no es que la hormiga esté realmente en tiempo presente con sus pensamientos y su mente en el futuro, como quizás un ser humano lo estaría. La hormiga aun cuando recolecta para el futuro, está plenamente presente y avocada a la tarea de buscar comida. Aun el invierno no está presente para ella dado que su instinto solamente es capaz de percibir la existencia del invierno cuando sea realmente invierno, y ningún momento antes.

Una aproximación que nos puede servir para comprender el fondo del asunto es pensar por un momento en la importancia que como civilización humana le hemos otorgado a la memoria. La memoria constituye un elemento profundamente humano y si bien debemos aceptar su existencia, su presencia excesiva atrae resentimiento, y finalmente frena lo dinámico del mundo. Frena lo dinámico del mundo, por ejemplo si nos aferramos resentidamente a la idea de que determinada persona no ha fallecido (cuando en realidad si lo hizo). Aun cuando la memoria hasta un cierto punto es necesaria, a partir de un determinado momento toda memoria debe volver a su origen y su origen es el olvido. El olvido es finalmente aquello que le permite a la vida seguir construyendo más vida y luz. Muchos animales son capaces de recordar, digamos el elefante. No obstante esa memoria es otro tipo de memoria, puesto que no es una memoria que le impida realizar su vida, o dicho de otra manera, no es un modo que le impida vivir en el  presente. Solamente el animal humano es capaz de memoria resentida. El opuesto de ello es necesariamente el olvido dinámico. Muchos seres humanos viven situaciones en sus vidas que le impiden olvidar, le impiden finalmente seguir adelante. La única manera de seguir adelante es tarde o temprano abrirse al olvido, abrirse a lo nuevo que se deviene. El primer paso para ello es la apertura al cambio. No sabemos qué es lo que va a pasar, solamente sabemos que va a cambiar y nunca será igual a antes.

                Hermann Hesse logra explicar la importancia del presente de forma magistral en su libro Siddharta, que occidentaliza una mitología de oriente y la mezcla con filosofía moderna. Este libro cuenta la historia de Siddharta Gautama, un joven en su camino a la iluminación. El y su amigo de infancia Govinda deciden dejar la casa de sus padres y salir al encuentro de un buda que estaba de visita en el pueblo. Su amigo Govinda decide quedarse con el buda para de él poder aprender la doctrina que lo llevaría a la iluminación, estado de total comunión con el presente, con el todo. No obstante Siddharta elige irse y le dice: “Ni un momento he dudado de ti, ni un momento he dudado que tú fueras el buda, de que hubieras llegado a la meta, al máximo, hacia el que tantos brahmanes se hallan en camino. Has encontrado la redención. Pero la has hallado con tu misma búsqueda, con tu propio camino, através de pensamientos, meditaciones, ciencia, reflexión, inspiración. ¡Pero no la has hallado a través de una doctrina! Tu doctrina tan clara y tan venerable no contiene un elemento, hay algo que nunca podrás enseñar: el secreto de lo que el majestuoso mismo ha vivido, él solo, entre centenares de miles de personas.”
 
 
Dato de utilidad: Taller de Coaching
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